13 de febrero de 2010

El que no se ama no se conoce.

Una mañana, un hombre y su pequeño hijo se encontrabanescuchando el sermón en una iglesia protestante. El pastor predicabasobre la acepción de personas, reprendía la discriminación racial yel sexismo. Con vehemencia aseguraba que no había razón paradiscriminar porque en el cielo todos seríamos iguales.

El tiempo transcurrió y el predicador cerró con la misma fuerzasu sermón, haciendo un llamado al arrepentimiento acerca de haceracepción de personas. Mientras caminaban de regreso a casa, elniño le manifestó a su padre una inquietud que le había generadoaquel sermón:

-Papá -preguntó el niño-, ¿es cierto que en el cielo todosseremos iguales?
-Si hijo, así será -respondió el padre.
-Pero ¿cómo vamos a saber quién es cada uno si seremos todosiguales? -lo cuestionó el niño preocupado.
Su padre, entendiendo la naturaleza de su preocupación,entonces le respondió:
-No hijo, seremos diferentes en eso. En lo que seremos iguales es en que todos estaremos contentos con lo que seamos.

Por : Jorge A. Acosta García

1 comentario:

Maryorie dijo...

Hermoso! Hermoso! Hermoso! Gracias por ese escrito.